sábado, 23 de abril de 2011

MARATÓN DE LECTURA 2011

 

 CURSO 2010-2011

Bienvenidos al "Maratón de Lectura, 2011"

 organizado por

LA BIBLIOTECA DEL IES “Virgen de la Estrella”


Ponemos en marcha este concurso, que tendrá la siguiente dinámica: habrá que leer sólo y exclusivamente relatos, un total de CUATRO, a lo largo de cuatro semanas y responder a las preguntas que se propongan. En este MARATÓN podrá participar todo el alumnado del Centro.

El concurso se regirá según las siguientes:
NORMAS

1. Cada texto incluirá SIETE preguntas relacionadas con él, y se irán publicando en este blog, según el siguiente calendario:
  • PRIMER RELATO: Jueves, 24 de marzo
  • 2º RELATO: Jueves, 31 de marzo
  • 3º RELATO: Jueves, 7 de abril
  • 4º RELATO: Jueves, 14 de abril
2. Las preguntas se publicarán los jueves a las cinco de la tarde y habrán de ser contestadas antes del lunes siguiente a las cinco de la tarde.

3. Cada respuesta correcta obtendrá 10 puntos, salvo la séptima a la que se concederán normalmente 20.

4. Además, según el orden de llegada de las respuestas, y siempre que todas sean correctas, se sumarán a la puntuación obtenida (80 puntos) otros diez puntos al primero en responder; nueve, al segundo; 8, al tercero y así sucesivamente hasta el décimo, que conseguirá un punto más. También en esta séptima pregunta se restará un punto por cada error de ortografía.

5. Comenzaremos con la aparición del primer relato. A continuación se realizan las SIETE preguntas correspondientes.

6. Las respuestas se enviarán a nuestra dirección de correo:

bibliolaestrella@gmail.com

7. En el asunto del correo debéis indicar vuestro nombre completo y el curso al que pertenecéis.

8. Solo se admitirá UN CORREO por alumno, de forma que si se envían varios, se atenderá solo al primero de ellos.

9. Los resultados se publicarán en este blog después de terminar el plazo de entrega de las preguntas.

10. Al finalizar el MARATÓN DE LECTURA, se publicará el nombre del ganador en este blog.



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Como todos sabéis, el Ganador del MARATON DE LECTURA 2011 de nuestra Biblioteca, ha sido TOMÁS DEL CASTILLO, alumno de 1º A con un total de 319 Puntos



Próximamente os avisaremos para la entrega de Premios.


El lunes, 13 de junio, se hizo entrega de los premios del Maratón de Lectura. A este acto, asistieron los miembros del Equipo Directivo del Centro, el Equipo de Biblioteca y por supuesto, los galardonados y sus acompañantes. Les animamos a que sigan leyendo, sobre todo ahora que empiezan las VACACIONES.







PRIMERA SEMANA: 24 de Marzo de 2011

El traje nuevo del emperador
Hans Christian Andersen

  
            Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.
            No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Emperador está en el vestuario”.
            La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.
            -¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes.
            Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.
            «Me gustaría saber si avanzan con la tela»-, pensó el Emperador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.
            «Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él».
            El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. «¡Dios nos ampare! -pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas-. ¡Pero si no veo nada!». Sin embargo, no soltó palabra.
            Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color y el dibujo. Le señalaban el telar vacío, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. « ¡Dios santo! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela».
            -¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó uno de los tejedores.
            -¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.
            -Nos da una buena alegría -respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El viejo tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.
            Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías.
            Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.
            -¿Verdad que es una tela bonita? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.
            «Yo no soy tonto -pensó el hombre-, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.
            -¡Es digno de admiración! -dijo al Emperador.
            Todos los moradores de la capital hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras, se encaminó a la casa donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.
            -¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.
            «¡Cómo! -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso».
            -¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo-. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.
            Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Emperador: -¡oh, qué bonito!-, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente. -¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!- corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.
            El Emperador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales.
            Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: -¡Por fin, el vestido está listo!
            Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros principales, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:
            -Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. -Aquí tienen el manto... Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, mas precisamente esto es lo bueno de la tela.
            -¡Sí! -asintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.
            -¿Quiere dignarse Vuestra Majestad quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones- para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo?
            Quitose el Emperador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y cogiendo al Emperador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.
            -¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaban todos-. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso!
            -El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle - anunció el maestro de Ceremonias.
            -Muy bien, estoy a punto -dijo el Emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? - y volviose una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.
            Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía:
            -¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!
            Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.
            -¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.
            -¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.
            -¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!
            -¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.
            Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y sus ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.
FIN



PREGUNTAS




1.      El emperador desea saber cómo avanza el trabajo de los tejedores, así que envía a su primer ministro para que lo compruebe. Es uno de los oficios antiguos que aparecen a continuación. Señala la viñeta que le corresponde y defínelo.






2.      El emperador está tan ocupado en su propia imagen que no tiene tiempo para gobernar, por lo que delega en un PRIMER MINISTRO. Sabrías decir los nombres de los primeros ministros actuales de los siguientes países europeos:

  • Francia
  • Portugal
  • Suecia
  • Dinamarca
  • Inglaterra













3.      De los siguientes adjetivos ¿cuál crees que le podrían aplicar al emperador? Elige los que consideres más adecuados



  1.  Humilde                                       
  2. arrogante                          
  3. caprichoso            
  4. sabio
  5. desconfiado                                 
  6.  sencillo                             
  7. tonto                            
  8. confiado


4. Empareja cada una de estas palabras con la imagen que corresponde a su significado:

            A. pana

            B. algodón

            C. seda

            D. plástico

            E. lana

 

5. Busca el nombre de otros cuentos de Andersen, para ayudarte fíjate en esta viñeta

 

6. Busca todos los adjetivos que aparecen en el tercer párrafo del texto

 


 

7. Andersen no nos habla del aspecto físico del emperador. ¿por qué no haces una descripción del personaje en el que expliques cómo es? Puedes hacerlo en un texto que tenga entre 5 ó  10 líneas.

 

 Una vez respondidas todas las preguntas, no olvides enviarlas al correo electrónico de nuestro blog, recuerda:

bibliolaestrella@gmail.com

 Escribe en el asunto tu nombre completo, así como tu curso.







SEGUNDA SEMANA: 31 de Marzo de 2011

El gigante egoísta
Oscar Wilde


Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban a jugar al   jardín  del  Gigante.   Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. Por aquí y por allá, entre la hierba, se abrían flores luminosas como estrellas, y había doce albaricoqueros que durante la Primavera se cubrían con delicadas flores color rosa y nácar, y al llegar el Otoño se cargaban de ricos frutos aterciopelados. Los pájaros se demoraban en el ramaje de los árboles, y cantaban con tanta dulzura que los niños dejaban de jugar para escuchar sus trinos.
-¡Qué felices somos aquí! -se decían unos a otros.
Pero un día el Gigante regresó. Había ido de visita donde su amigo el Ogro de Cornish, y se había quedado con él durante los últimos siete años. Durante ese tiempo ya se habían dicho todo lo que se tenían que decir, pues su conversación era limitada, y el Gigante sintió el deseo de volver a su mansión.

Al llegar, lo primero que vio fue a los niños jugando en el jardín.
-¿Qué hacen aquí? -surgió con su voz retumbante.
Los niños escaparon corriendo en desbandada.
-Este jardín es mío. Es mi jardín propio -dijo el Gigante-; todo el mundo debe entender eso y no dejaré que nadie se meta a jugar aquí.
Y, de inmediato, alzó una pared muy alta, y en la puerta puso un cartel que decía: ENTRADA ESTRICTAMENTE PROHIBIDA  BAJO LAS PENAS CONSIGUIENTES. Era un Gigante egoísta...
Los pobres niños se quedaron sin tener dónde jugar. Hicieron la prueba de ir a jugar en la carretera, pero estaba llena de polvo, estaba plagada de pedruscos, y no les gustó. A menudo rondaban alrededor del muro que ocultaba el jardín del Gigante y recordaban nostálgicamente lo que había detrás.
Cuando la Primavera volvió, toda la comarca se pobló de pájaros y flores. Sin embargo, en el jardín del Gigante Egoísta permanecía el Invierno todavía. Como no había niños, los pájaros no cantaban, y los árboles se olvidaron de florecer. Sólo una vez una lindísima flor se asomó entre la hierba, pero apenas vio el cartel, se sintió tan triste porlos niños que volvió a meterse bajo tierra y volvió a quedarse dormida.
Los únicos que ahí se sentían a gusto eran la Nieve y la Escarcha.
-La Primavera se olvidó de este jardín -se dijeron-, así que nos quedaremos aquí todo el resto del año.
La Nieve cubrió la tierra con su gran manto blanco y la Escarcha cubrió de plata los árboles. Y en seguida invitaron a su triste amigo el Viento del Norte para que pasara con ellos el resto de la temporada. Y llegó el Viento del Norte. Venía envuelto en pieles y anduvo rugiendo por el jardín durante todo el día, desganchando las plantas y derribando las chimeneas.
-¡Qué lugar más agradable! -dijo-. Tenemos que decirle al Granizo que venga a estar con nosotros también.
Y vino el Granizo también. Todos los días se pasaba tres horas tamborileando en los tejados de la mansión, hasta que rompió la mayor parte de las tejas. Después se ponía a dar vueltas alrededor, corriendo lo más rápido que podía. Se vestía de gris y su aliento era como el hielo.
-No entiendo por qué la Primavera se demora tanto en llegar aquí -decía el Gigante Egoísta cuando se asomaba a la ventana y veía su jardín cubierto de gris y blanco-, espero que pronto cambie el tiempo.
Pero la Primavera no llegó nunca, ni tampoco el Verano. El Otoño dio frutos dorados en todos los jardines, pero al jardín del Gigante no le dio ninguno.
-Es un gigante demasiado egoísta -decían los frutales.
De esta manera, el jardín del Gigante quedó para siempre sumido en el Invierno, y el Viento del Norte y el Granizo y la Escarcha y la Nieve bailoteaban lúgubremente entre los árboles.
Una mañana, el Gigante estaba en la cama todavía cuando oyó que una música muy hermosa llegaba desde afuera. Sonaba tan dulce en sus oídos, que pensó que tenía que ser el rey de los elfos que pasaba por allí. En realidad, era sólo un jilguerito que estaba cantando frente a su ventana, pero hacía tanto tiempo que el Gigante no escuchaba cantar ni un pájaro en su jardín, que le pareció escuchar la música más bella del mundo. Entonces el Granizo detuvo su danza, y el Viento del Norte dejó de rugir y un perfume delicioso penetró por entre las persianas abiertas.
-¡Qué bueno! Parece que al fin llegó la Primavera -dijo el Gigante, y saltó de la cama para correr a la ventana.
¿Y qué es lo que vio?
Ante sus ojos había un espectáculo maravilloso. A través de una brecha del muro habían entrado los niños, y se habían trepado a los árboles. En cada árbol había un niño, y los árboles estaban tan felices de tenerlos nuevamente con ellos, que se habían cubierto de flores y balanceaban suavemente sus ramas sobre sus cabecitas infantiles. Los pájaros revoloteaban cantando alrededor de ellos, y los pequeños reían. Era realmente un espectáculo muy bello. Sólo en un rincón el Invierno reinaba. Era el rincón más apartado del jardín y en él se encontraba un niñito. Pero era tan pequeñín que no lograba alcanzar a las ramas del árbol, y el niño daba vueltas alrededor del viejo tronco llorando amargamente. El pobre árbol estaba todavía completamente cubierto de escarcha y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía sobre él, sacudiéndole las ramas que parecían a punto de quebrarse.
-¡Sube a mí, niñito! -decía el árbol, inclinando sus ramas todo lo que podía. Pero el niño era demasiado pequeño.
El Gigante sintió que el corazón se le derretía.
-¡Cuán egoísta he sido! -exclamó-. Ahora sé por qué la Primavera no quería venir hasta aquí. Subiré a ese pobre niñito al árbol y después voy a tirar el muro. Desde hoy mi jardín será para siempre un lugar de juegos para los niños.
Estaba de veras arrepentido por lo que había hecho.
Bajó entonces la escalera, abrió cautelosamente la puerta de la casa, y entró en el jardín. Pero en cuanto lo vieron los niños se aterrorizaron, salieron huyendo y el jardín quedó en Invierno otra vez. Sólo aquel pequeñín del rincón más alejado no escapó, porque tenía los ojos tan llenos de lágrimas que no vio venir al Gigante. Entonces el Gigante se le acercó por detrás, lo tomó gentilmente entre sus manos, y lo subió al árbol. Y el árbol floreció de repente, y los pájaros vinieron a cantar en sus ramas, y el niño abrazó el cuello del Gigante y lo besó. Y los otros niños, cuando vieron que el Gigante ya no era malo, volvieron corriendo alegremente. Con ellos la Primavera regresó al jardín.
-Desde ahora el jardín será para ustedes, hijos míos -dijo el Gigante, y tomando un hacha enorme, echó abajo el muro.
Al mediodía, cuando la gente se dirigía al mercado, todos pudieron ver al Gigante jugando con los niños en el jardín más hermoso que habían visto jamás.  [...]

FIN



PREGUNTAS

1.- Realiza un resumen de cinco a ocho líneas en el que expliques con tus palabras el argumento del fragmento que acabas de leer.



2.- El narrador está fuera de la historia. Es un narrador en tercera persona que nada tiene que ver con los hechos que se cuentan. Sin embargo, conoce los detalles más íntimos de cada uno de los personajes, por lo que es un narrador:


 3.- ¿Por qué el invierno no se marcha nunca del jardín del Gigante egoísta?



4.- El Gigante egoísta es un relato escrito por Oscar Wilde. ¿Cuál de los siguientes rostros te parece el suyo?

5.- En el siguiente cuadro de Bernardino  Luini podemos apreciar la cabeza de San Juan Bautista servida en bandeja de plata a una dama. Si averiguas el nombre de la mujer estarás dando con el título de una obra dramática de Oscar Wilde, por lo que tendrás la respuesta a esta pregunta.



6.- ¿Con qué sobrenombre se esconde Oscar Wilde en París tras salir de la cárcel en 1897?


    A/ MARCEL PROUST

    B/ ERIC CANTONA

    C/ SEBASTIAN MELMOTH

    D/ PAUL MC CARTNEY



7.- Ya hemos visto que Oscar Wilde nació en Dublín, capital de Irlanda, y murió en París, Capital de Francia, donde su tumba, en el cementerio de Père Lachaise, se ha convertido en otro punto de atracción turística de la ciudad gala. Pero, ¿sabrías indicar de qué países son las siguientes capitales?


     A/ LISBOA
     B/ BUCAREST
     C/ BERNA
     D/ ROMA
     E/ AMSTERDAM
     F/ OSLO





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TERCERA SEMANA: 7 de abril de 2011

MANOLITO GAFOTAS 
Elvira Lindo


Excursión al Museo del Prado



Mi madre me había preparado para ir al Museo del Prado: una tortilla de patatas, unos filetes empanados y un bollicao de postre. Cuando lo saqué en el autobús, Yihad  me dijo que yo era un pedazo de hortera y que parecía que en vez de ir al Museo del Prado me iba de acampada a Miraflores de la Sierra. Me dio tanta rabia que le dije: «¿Quieres?» Y el tío se me comió media tortilla, pero ya no me volvió a llamar hortera. Si se llega a enterar mi madre me mata, porque dice que siempre me comen el bocadillo los demás niños del mundo mundial. Bueno, cuando  mejor  lo estábamos  pasando,
el Orejones ya había vomitado dos veces y habíamos cantado El señor conductor no se ríe, no se ríe el señor conductor, resulta que habíamos llegado al Museo del Prado ese. La sita Asunción nos dijo que el que se portara mal jamás volvería a salir de excursión en todos los años de su vida a no ser que fuera a la cárcel de Carabanchel, que es donde debía estar. La sita Asunción nos quería llevar a ver Las Mininas de Velázquez, que es un cuadro en el que Velázquez retrató a todas sus gatas porque era un hombre al que le gustaban mucho los animales, por eso mi colegio se llama Diego de Velázquez.
Nunca llegué a ver ese cuadro porque por el camino vimos uno en el que salían tres tías bastante antiguas. Se veía que eran antiguas porque tenían, como dice mi madre, el tipo del tordo: la cabeza pequeña y el culo gordo. Y nos quedamos allí plantados, el Orejones, Yihad y yo, delante de él todo el rato; porque en ese museo ves un cuadro y ya te haces a la idea de todos los demás porque se parecen bastante, la verdad.
Las tres melonas antiguas estaban desnudas y tenían unas cacho piernas que te da una tía de esas con una de sus cacho piernas y te has muerto con  todo el equipo para el resto de tu vida.
De repente, el Orejones leyó el título y resultó que el cacho cuadro se llamaba Las tres gracias. Yihad se cayó al suelo de la risa y acto seguido nos tiramos el Orejones y yo para no ser menos. Yihad se sacó un rotulador de la chupa para escribir en el cuadro: Las tres gordas, y entonces se acercó corriendo el guardia del Museo y nos preguntó por nuestra señorita y nos llevó prácticamente esposados a donde estaba la sita Asunción, que estaba con toda la clase viendo un cuadro de toda una familia mirando de frente, como el vídeo que tenemos nosotros del bautizo del Imbécil.
A mí me temblaban hasta los cristales de las gafas, pero entonces sucedió algo que cambió completamente el curso de nuestras vidas. Mientras la sita Asunción hablaba del cuadro vi cómo un tío se colocaba a su lado. El tío... el tío...¡era el mismo que nos había querido atracar a mi abuelo y a mí! Antes de que el guardia del Museo pudiera chivarse sin piedad, yo me tiré a los brazos de mi sita Asunción nunca creí que fuera a caer tan bajo y le dije:
–Sita Asunción, le está intentando quitar el bolso el famoso atracador de Mota del Cuervo, Cuenca, que además de no tener el SIDA es hijo de Joaquina, la Ceporra.
La sita Asunción se quejó al guardia por la poca protección que había en el Museo y a mí me dio un beso y me dijo que podía ir en la primera fila del autocar con ella en mérito al honor o al soldado desconocido, no me acuerdo. Antes de salir a la calle entramos todos en el water del Museo para mear, que es lo que hacemos siempre que nos llevan a cualquier sitio, y allí estaba el atracador. Me coge del brazo y me dice:
–Mira, Gafotas –no me puedo explicar cómo sabías mi mote– vine de Mota del Cuervo a Madrid porque en esta ciudad no me conoce nadie y resulta que me vas a jorobar tú todos los días el negocio.
Yo le dije que no lo había hecho con mala intención, que le había acusado a él para que no me acusaran a mí. Y para que me soltara, para que me dejara de pellizcar el brazo, le dije un sitio donde podía atracar a sus anchas y sacar su navaja de Mota del Cuervo sin que yo saliera a meterme donde no me importa.
La Sita Asunción no me regañó por una vez en la historia cuando llegué tarde al autobús; me estaba esperando en la primera fila. Y yo me senté delante de las narices de todos mis compañeros, al lado de ella, en mi nuevo papel de niño pelota.


FIN

PREGUNTAS

1. De la comida que lleva Manolito Gafotas, escribe qué nutrientes aporta cada alimento: huevos, patatas, carne y dulce. ¿Qué alimento es el menos saludable?



a) HIDRATOS DE CARBONO


b) PROTEINAS


c) GRASAS SATURADAS


d) AZÚCARES




2. Localiza las ciudades en las que se encuentran los siguientes museos:




3. ¿A qué Comunidades Autónomas pertenecen las ciudades españolas anteriores?


4. CONTESTA:

A) ¿Cómo se denominan las palabras con las que llamamos con un mote a otras personas?


B) ¿A qué clase de palabras, según su formación, pertenece la palabra SIDA?


     a) ANTÓNIMOS

     b) ACRÓNIMOS

     c) DERIVADAS

     d) POLISÉMICAS









5. CONTESTA:

A) ¿Cómo se llama en realidad el cuadro al que iban a ver en el museo?


B) ¿Qué rey aparece en el cuadro?

a) FELIPE IV

b) CARLOS V

c) FERNANDO VII

d) FELIPE II


C) ¿A qué dinastía pertenece este rey?


6. CONTESTA:

A) ¿Cuál de estos cuadros es el que se llama LAS TRES GRACIAS?


B) ¿Quién lo pintó?



a) BERLUSCONI


b) VIVALDI


c) RUBENS


d) EL GRECO






C) ¿En qué país nació este pintor?


D) ¿Y en qué ciudad nació Velázquez?


7. Invéntate una historia en la que cuentes lo que pudo pasar en el atraco que sufrieron Manolito y su abuelo.





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bibliolaestrella@gmail.com

ESCRIBE EN EL ASUNTO TU NOMBRE COMPLETO, ASÍ COMO TU CURSO.


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CUARTA SEMANA:  14 de abril de 2011 

 VAMPIRO (1.901)
 Emilia Pardo Bazán



No se hablaba en el país de otra cosa. ¡Y qué milagro! ¿Sucede todos los días que un setentón vaya al altar con una niña de quince?
Así, al pie de la letra: quince y dos meses acababa de cumplir Inesiña, la sobrina del cura de Gondelle, cuando su propio tío, en la iglesia del santuario de Nuestra Señora del Plomo -distante tres leguas de Vilamorta- bendijo su unión con el señor don Fortunato Gayoso, de setenta y siete y medio, según rezaba su partida de bautismo.

La única exigencia de Inesiña había sido casarse en el santuario; era devota de aquella Virgen y usaba siempre el escapulario del Plomo, de franela blanca y seda azul. Y como el novio no podía, ¡qué había de poder, malpocadiño!, subir por su pie la escarpada cuesta que conduce al Plomo (...), ni tampoco sostenerse a caballo, se discurrió que dos fornidos mocetones de Gondelle, hechos a cargar el enorme cestón de uvas en las vendimias, llevasen a don Fortunato a la silla de la reina hasta el templo. ¡Buen paso de risa!


Sin embargo, en los casinos, boticas (...), como también en los atrios y sacristías de las parroquiales, se hubo de convenir en que Gondelle cazaba muy largo, y en que a Inesiña le había caído el premio mayor. ¿Quién era, vamos a ver, Inesiña? Una chiquilla fresca, llena de vida, de ojos brillantes, de carrillos como rosas; pero qué demonio, ¡hay tantas así desde el Sil al Avieiro! En cambio, caudal como el de don Fortunato no se encuentra otro en toda la provincia. Él sería bien ganado o mal ganado, porque esos que vuelven del otro mundo con tantísimos miles de duros, sabe Dios qué historia ocultan entre las dos tapas de la maleta; solo que.... ¡pchs!, ¿quién se mete a investigar el origen de un fortunón? Los fortunones son como el buen tiempo: se disfrutan y no se preguntan sus causas.


Que el señor Gayoso se había traído un platal, constaba por referencias muy auténticas y fidedignas; solo en la sucursal del Banco de Auriabella dejaba depositados, esperando ocasión de invertirlos, cerca de dos millones de reales.  Cuantos pedazos de tierra se vendían en el país, sin regatear los compraba Gayoso; en la misma plaza de la Constitución de Vilamorta había adquirido un grupo de tres casas, derribándolas y alzando sobre los solares nuevo y suntuoso edificio.

-¿No le bastarían a ese viejo chocho siete pies de tierra? -preguntaban entre burlones e indignados los concurrentes al Casino.  

Júzguese lo que añadirían al difundirse la extraña noticia de la boda, y al saberse que don Fortunato, no sólo dotaba espléndidamente a la sobrina del cura, sino que la instituía heredera universal. Los berridos de los parientes, más o menos próximos, del ricachón, llegaron al cielo: hablóse de tribunales, de locura senil, de encierro en el manicomio. Mas como don Fortunato, aunque muy acabadito y hecho una pasa seca, conservaba íntegras sus facultades y discurría y gobernaba perfectamente, fue preciso dejarle, encomendando su castigo a su propia locura (...).

Entre tanto, allá dentro de la hermosa mansión, abarrotada de ricos muebles y de cuanto pueden exigir la comodidad y el regalo, la novia creía soñar; por poco, y a sus solas, capaz se sentía de bailar de gusto. El temor, más instintivo que razonado, con que fue al altar de Nuestra Señora del Plomo, se había disipado ante los dulces y paternales razonamientos del anciano marido, el cual sólo pedía a la tierna esposa un poco de cariño y de calor, los incesantes cuidados que necesita la extrema vejez (...)
¡Asistir al viejecito! Vaya: eso sí que lo haría de muy buen grado Inés. Día y noche -la noche sobre todo, porque era cuando necesitaba a su lado, pegado a su cuerpo, un abrigo dulce- se comprometía a atenderle, a no abandonarle un minuto. ¡Pobre señor! ¡Era tan simpático y tenía ya tan metido el pie derecho en la sepultura! El corazón de Inesiña se conmovió: no habiendo conocido padre, se figuró que Dios le deparaba uno. Se portaría como hija, y aún más, porque las hijas no prestan cuidados tan íntimos, no ofrecen su calor juvenil, los tibios efluvios de su cuerpo; y en eso justamente creía don Fortunato encontrar algún remedio a la decrepitud. «Lo que tengo es frío -repetía-, mucho frío, querida; la nieve de tantos años cuajada ya en las venas. Te he buscado como se busca el sol; me arrimo a ti como si me arrimase a la llama bienhechora en mitad del invierno. Acércate, échame los brazos; si no, tiritaré y me quedaré helado inmediatamente. Por Dios, abrígame; no te pido más».


Lo que se callaba el viejo, lo que se mantenía secreto entre él y el especialista curandero inglés a quien ya como en último recurso había consultado, era el convencimiento de que, puesta en contacto su ancianidad con la fresca primavera de Inesiña, se verificaría un misterioso trueque. Si las energías vitales de la muchacha, la flor de su robustez, su intacta provisión de fuerzas debían reanimar a don Fortunato, la decrepitud y el agotamiento de éste se comunicarían a aquélla, transmitidos por la mezcla y cambio de los alientos, recogiendo el anciano un aura viva, ardiente y pura y absorbiendo la doncella un vaho sepulcral. Sabía Gayoso que Inesiña era la víctima, la oveja traída al matadero; y con el feroz egoísmo de los últimos años de la existencia, en que todo se sacrifica al afán de prolongarla, aunque sólo sea horas, no sentía ni rastro de compasión.Agarrábase a Inés, absorbiendo su respiración sana, su hálito perfumado, delicioso, preso en la urna de cristal de los blancos dientes; aquel era el postrer licor generoso, caro, que compraba y que bebía para sostenerse; y si creyese que haciendo una incisión en el cuello de la niña y chupando la sangre en la misma vena se remozaba, sentíase capaz de realizarlo. ¿No había pagado? Pues Inés era suya.



Grande fue el asombro de Vilamorta -mayor que el causado por la boda aún- cuando notaron que don Fortunato, a quien tenían pronosticada a los ocho días la sepultura, daba indicios de mejorar, hasta de rejuvenecerse. Ya salía a pie un ratito, apoyado primero en el brazo de su mujer, después en un bastón, a cada paso más derecho, con menos temblequeteo de piernas. A los dos o tres meses de casado se permitió ir al casino, y al medio año, ¡oh maravilla!, jugó su partida de billar, quitándose la levita, hecho un hombre. Diríase que le soplaban la piel, que le inyectaban jugos: sus mejillas perdían las hondas arrugas, su cabeza se erguía, sus ojos no eran ya los muertos ojos que se sumen hacia el cráneo (...).

(El médico) hubo de asistir en su larga y lenta enfermedad a Inesiña, la cual murió -¡lástima de muchacha!- antes de cumplir los veinte. Consunción, fiebre hética, algo que expresaba del modo más significativo la ruina de un organismo que había regalado a otro su capital.
Buen entierro y buen mausoleo no le faltaron a la sobrina del cura; pero don Fortunato busca novia. De esta vez, o se marcha del pueblo, o la cencerrada termina en quemarle la casa y sacarle arrastrando para matarle de una paliza tremenda. ¡Estas cosas no se toleran dos veces! Y don Fortunato sonríe, mascando con los dientes postizos el rabo de un puro.
                                                          
FIN
             
PREGUNTAS

1. Observa la imagen y señala cómo se denomina el objeto que aparece. Para ello ten en cuenta la unidad de longitud que recoge el texto.

2.  En la sucursal del Banco de Auriabella, ¿cuántos casi euros tendría el señor Don Fortunato Gayoso?

Esta imagen te da una pista muy valiosa. Utilízala.

3. La autora del Vampiro mantuvo una relación amorosa con otro escritor. ¿Quién era de las siguientes imágenes?

4. En el relato se cita un río español. ¿De qué río es afluente?


5. Hay un vampiro muy conocido en el cine y la televisión desde hace décadas. ¿Cómo se llama el escritor irlandés que lo creó?


6. Copia la descripción que la autora hace de Inesiña.


7. Te proponemos que realices un final, distinto, al que aparece en el relato.


Una vez respondidas todas las preguntas, no olvides enviarlas al correo electrónico de nuestro blog, recuerda:

bibliolaestrella@gmail.com


ESCRIBE EN EL ASUNTO TU NOMBRE COMPLETO, ASÍ COMO TU CURSO.
MUCHA SUEEEEEEEEEEEEEERTE


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CLASIFICACIÓN FINAL

MARATÓN DE LECTURA 2011



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Puedes enviar tus dudas a bibliolaestrella@gmail.com o pasar por la BIBLIOTECA de 11:30 a 12:00, durante el recreo. 


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